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Gliptodontes

Glyptodon reticulatus

Placas Glyptodon reticulatus de H. Santiago Druetta

Procedencia: todo América del Sur (desde la Argentina hasta Venezuela), América Central, y sur de
América del Norte (los que habrían migrado una vez formado el istmo de Panamá).

Antiguedad: Pleistoceno-Holoceno temprano (Ensenadense-Lujanense)

Especies del pleistoceno de la Argentina:

G. clavipes (Bonaerense-Lujanense).
G. principalis (Ensenadense).
G. gemmatum (Ensenadense).
G. laevis (Ensenadense).
G. munizii (Ensenadense).
G. reticulatus (Bonaerense-Lujanense).
G. elongatus (Bonaerense-Lujanense).
G. perforatus (Bonaerense-Lujanense).

Es uno de los gliptodontes con los que estamos más familiarizados. Posee un caparazón grueso, con placas ornamentadas en forma de rosetas: un círculo central rodeado de figuras periféricas poligonales más pequeñas separadas por un surco profundo, sobre el que se encuentran los orificios pilosos. Las placas del borde del caparazón son de forma cónica punzantes. La región caudal tiene una serie de anillos móviles, de diámetro progresivamente menor hacia la punta. El cráneo es alto y corto, y la mandíbula, robusta. Los dientes son columnares de crecimiento continuo y la superficie de masticación tiene forma trilobulada. Las manos son tetradáctilas (cuatro dedos), mientras que los pies son pentadáctilos (cinco dedos). Glyptodon habría habitado en áreas abiertas con pastizales, de
clima templado a frío y se habría alimentado de pastos. La especie G. clavipes fue uno de los gliptodontes más corpulentos, llegando a superar los 1.500 kilogramos. El primer hallazgo de un espécimen del género Glyptodon se debe al jesuita Thomas Falkner entre los años 1752 y 1756, en la zona costera del río Carcarañá (provincia de Santa Fe). Luego de este, numerosos esqueletos o restos de caparazón fueron recolectados hasta nuestros días, en especial en la región pampeana por lo que se convierte en uno de los fósiles más representativos de los depósitos pleistocénicos de la región. Los restos más modernos de Glyptodon fueron hallados en sitios arqueológicos, en algunas ocasiones asociados a restos humanos. Un caso muy interesante fue el que hacia 1881, descubrió Santiago Roth, en ese entonces científico del Museo de La Plata, en las cercanías de Arrecifes (norte de la provincia de Buenos Aires). El hallazgo consistía en un fragmento del caparazón de Glyptodon enterrado en posición invertida (es decir con la parte cóncava hacia arriba) cubriendo parte de un esqueleto humano. Junto a estos restos además se encontró un fragmento de asta de ciervo y un bivalvo. Este sensacional hallazgo, conocido como el esqueleto de Fontezuelas, fue interpretado como un entierro humano y llevó a convencer a numerosos estudiosos de fines del siglo XIX de la contemporaneidad de la megafauna sudamericana con los antiguos pobladores humanos. Otro ejemplo curioso fue el hallazgo, en el sitio de Arroyo Seco (provincia de Buenos Aires), de una placa del caparazón de Glyptodon junto a un esqueleto de un infante a modo de ajuar funerario. Si bien en este caso no es posible demostrar que el gliptodonte vivió simultáneamente con los humanos (hoy día se hacen hermosos collares con dientes fosilizados de tiburones) estaría indicando la utilidad que los paleoindios dieron a sus restos, posiblemente como amuletos.

del libro: BESTIARIO FÓSIL - MAMÍFEROS DEL PLEISTOCENO EN LA ARGENTINA- Analía Forasiepi, Agustín Martinelli, Jorge Blanco

Placa del tubo caudal (cola)

Glyptodon perforatus

Placa del caparazón

 

 

Se trata de otra especie del género Glyptodon que vivió durante el pleistoceno superior. las placas son de un grosor similar o mayor al de G. reticulatus, y se caracterizan por presentar orificios pilíferos que distorsionan el contorno de la figura central.

 

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